Por Carlos López-Aguirre
Desde tiempos inmemoriales los músicos callejeros han sido parte fundamental de las sociedades, tanto de uno como del otro lado del Atlántico. En Europa los trovadores iban de ciudad en ciudad contando las hazañas de los nobles y caballeros. En América se recuerda a los viejos músicos cantando los hechos de cada uno de los pueblos por los que pasaban. Aquello, ya es historia.
Imaginemos por un momento a uno de aquellos trovadores llegando a una ciudad medieval, tocando y cantando en medio de una plaza. De repente dos guardias vestidos con sendas armaduras se acercan a él y pronuncian una sola palabra: ¡Permiso para tocar! La escena, además de chistosa, es ridícula. Hoy en día ya no lo es.
Los sociólogos dicen que la cultura nació a partir de la prohibición y las calles de las grandes ciudades son parte de ella. El crecimiento de la población y el sistema económico actual ha derivado en que los gobiernos impongan mayores límites en busca de un orden que permita una mejor convivencia. Y la música callejera no es la excepción.
En el caso de la ciudad de Barcelona existen dos leyes que regulan la música callejera. Una abarca sólo el Districte de Ciutat Vella, conocida como Normativa Específica, mientras que la otra, llamada Normativa General, abarca el resto de la ciudad Condal. La principal diferencia de ambas normativas está en que para tocar en el barrio céntrico de la ciudad se necesita un permiso para tocar en ciertos puntos, mientras que en la general no existe este tipo de restricción.
Carles Baró, coordinador del proyecto Música al Carrer del Centre Civic del Convent de Sant Agustí, y Sara Moreira, asistente del proyecto, aseguran que fuera de Ciutat Vella ningún músico puede ser sancionado por tocar, siempre y cuando cumpla con ciertos requisitos básicos de volumen, no tocar más de dos horas seguidas en la misma ubicación y que no se toque enfrente de hospitales, escuelas o terrazas.
Añaden que ningún músico puede ser detenido por no cumplir alguna de las normativas, sino sólo multado y, en algunas ocasiones, el instrumento puede ser requisado. Para que el músico pueda recuperar su instrumento tendrá que pagar otra multa por el mismo. En el caso de los músicos extracomunitarios, podrían tener problemas de estancia en el país si la policía le pide sus documentos y éstos no están en regla.
Si un músico está interesado en tocar en el Districte de Ciutat Vella deben dirigirse al Centre Civic del Convent de Sant Agustí durante el mes de septiembre para apuntarse al sorteo por el cual se otorgan los carnets para tocar en el barrio.
Ambos dinamizadores consideran que el proyecto del Musica al Carrer apenas está en proceso de maduración después de tres años de fundado y que todavía existen muchos aspectos que se pueden mejorar, principalmente en lo que se refiere en el aumento de lugares para tocar. Actualmente sólo existen 24 espacios.
Aunque saben que no existe una opinión favorable entre todos los músicos, procuran tomar en cuenta sus puntos de vista para mejorar el proyecto. De cualquier forma están convencidos de una idea fundamental: la música debe continuar sonando en las calles, pero de una forma más ordenada.
Hoy por hoy los trovadores no podrían realizar su actividad con la libertad de antaño, por lo menos en la ciudad de Barcelona o algunas ciudades italianas. Tendrían que buscar su espacio. En el caso de Londres y de París, sería imposible o tendrían que pagar una tarifa económica muy alta.
Independientemente de las diferentes ideas que puedan expresarse en cuanto a mayor o menor libertad en las calles para tocar, todo parece indicar que existe la voluntad de que esta tradición con siglos de vida no se pierda. Así sea.
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